Me desmoroné entre esos escombros que cobraron tantas vidas en muchos lugares. Mi alma se fragmentó y quedó en el fondo, junto a muebles y pituras que no tendrán reparación. Solo que no pasó nada.
Durante unos segundos me resigné. Entendí que lo peor estaba por pasar y dejé de luchar. Dejé de pedir a todos que se calmaran, que pensaran en lo seguro que era ese lugar y entré en paz. Después, la tierra dejó de sacudirse y escuché una voz que me indicaba por donde salir. Ahí casí me rompí.
Cuando estuve fuera de ese horrible edificio, quería detener el tiempo y que se me permitiera llorar y por fin caer en pedazos, pero no. Comenzó el olor a gas por todos lados. Esa sacudida infernal no había sido suficiente, lo peor estaba por venir.
En mi afán de ayudar a los demás, los convencí de tranquilizarse y prepararse porque las réplicabas estaban por venir. Ninguna perceptible en mi ciudad.
Han pasado casi 7 días y cada minuto siento que me rompo. Cada camión que pasa, el viento que mueve las ventanas, todo me parece que es la alerta de un nuevo temblor.
¿Seré injusta con los que de verdad estuvieron entre escombros? ¿Me estoy robando el infortunio de los que de verdad murieron sintiendo el estruendo de sus pies? Soy afortunada. Tengo todo lo que de verdad importa y aún así creo que lo peor está por venir.
19.09.17
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