Me desmoroné entre esos escombros que cobraron tantas vidas en muchos lugares. Mi alma se fragmentó y quedó en el fondo, junto a muebles y pituras que no tendrán reparación. Solo que no pasó nada. Durante unos segundos me resigné. Entendí que lo peor estaba por pasar y dejé de luchar. Dejé de pedir a todos que se calmaran, que pensaran en lo seguro que era ese lugar y entré en paz. Después, la tierra dejó de sacudirse y escuché una voz que me indicaba por donde salir. Ahí casí me rompí. Cuando estuve fuera de ese horrible edificio, quería detener el tiempo y que se me permitiera llorar y por fin caer en pedazos, pero no. Comenzó el olor a gas por todos lados. Esa sacudida infernal no había sido suficiente, lo peor estaba por venir. En mi afán de ayudar a los demás, los convencí de tranquilizarse y prepararse porque las réplicabas estaban por venir. Ninguna perceptible en mi ciudad. Han pasado casi 7 días y cada minuto siento que me rompo. Cada ...
Me di cuenta de que no puedes contener a la gente que amas. Tampoco a tu amor por ellos. Fuente: MIRIAM JOHNSON , Todo comenzó con un rompimiento maratónico en New York Times http://nyti.ms/2vJM9D2